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1 nov 2011

60 K "El Hombre de Hierro", mi primer ultramaratón. Por Andres Bernard



Hacía ya tres años que me daba vueltas en la cabeza esta prueba, las dos ediciones anteriores por diversas razones no pude ir, el debut en ultra se iba posponiendo una y otra vez, hasta que al final se presentó esta oportunidad, en un entorno de los que a mi más me gustan, es decir ruta, campo, aire puro, tranquilidad... Además, conocer uno de los pocos lugares que me quedaban por visitar en este país.
Con Claudio Rivero llegamos al Gimnasio Municipal de Melo -un lugar estupendo- y allí nos recibió el gran Javier Motta, organizador de esta patriada que es el único ultramaratón que al momento se desarrolla en Uruguay. Yo quiero agradecerle a Javier por todas las atenciones brindadas, no es fácil organizar un evento de este tipo y eso se tiene siempre en cuenta.
Lo demás fue todo disfrute, el encuentro con viejos amigos y conocidos, gente que vino de muy lejos -Concordia, por ejemplo-, no éramos muchos pero todos los que estaban sabían muy bien a qué iban...Yo no, nunca me imaginé que iba a sufrir tanto, y que iba a cometer muchísimos errores antes y durante la prueba.
Mi desempeño en el pasado maratón de Punta del Este -en el que me tocó oficiar de Pacer de 4h 30'- me proporcionó una falsa sensación de seguridad y suficiencia y, con el miedo a tener alguna lesión, reduje el entrenamiento a niveles mínimos, decisión que posteriormente se revelaría como fatal.
La largada en Aceguá fue a las 7 de la mañana, con un frío persistente, confiado en que luego aumentaría la temperatura de manera considerable largué sin abrigos, salvo mi campera de Atletas del Sur que la llevé los primeros 10 kms. En la previa, Analhía Pugliese me aconsejó SUBIR CAMINANDO TODOS LOS REPECHOS. No le hice caso hasta el K 30 donde la carrera me puso de cara al fracaso. Nunca subió la temperatura a niveles significativos, lo que me liquidó a la larga, salí en los últimos puestos tratando de administrarme pero el frío acabó muy temprano con mi paciencia, lo cual me llevó a aumentar el ritmo de manera considerable, lo cual me llevó a ganar cuatro puestos; mantuve ese ritmo fuerte durante las primeras tres horas en las que pude recorrer esos 30 kms, la idea era terminar en 6 horas o menos pero el cuerpo comenzó a pedir levantar el ritmo por lo que comencé a subir caminando en los repechos, mientras en mi mente daba vueltas el consejo de Analhía. En los kilómetros siguientes las infinitas subidas y bajadas de la ruta me estaban pasando la cuenta de mi negligencia al subestimar este recorrido tan difícil. Pronto perdí tres de los cuatro puestos que había ganado, hubo momentos en los que me sentía que no estaba en ninguna parte, perdía la noción de los kilómetros, en definitiva perdí el control de la carrera y fue la carrera misma la que me dominó a mi. Cuando llegaba la ambulancia o algún vehículo de la organización me ponía a trotar porque no quería abandonar, quería disimular lo mal que estaba. Otro competidor me prestó una campera, de no ser por este gesto, no habría llegado a la meta. Del K 40 en adelante todo se redujo en mi caso a una lucha feroz con otro competidor por no llegar en último lugar, batalla perdida a unos cuatro kilómetros de la meta, justo antes de entrar en la ciudad de Melo. Allí una señora de la organización me ofreció llevarme en su moto a lo cual obviamente me negué porque significaba el abandono, yo fui a correr una ultra maratón, no a pasear en moto. El recorrido por la ciudad hasta la llegada se me hizo eterno, con lo último pude cruzar la meta en el último puesto con un tiempo de 7h y veintitantos minutos, no sé bien porque de lo detonado que estaba olvidé parar el cronómetro. Como precaución me hice tomar pulso y presión en la llegada y estaban en valores normales, lo cual certificaba que estaba aún vivo después de 60 kms...
El balance es positivo, el viaje y la carrera valieron la pena, el disfrutar lo hermoso que es el campo, es positivo el encuentro con amigos que tienen la misma locura de uno de salir a correr por las rutas de este país; destaco una vez más las atenciones que para con nosotros los corredores han tenido Javier Motta y su gente, no alcanzan las palabras para agradecerles esto que han hecho por la familia ultramaratonista del Uruguay, a la cual me gustaría integrarme, pero sé que me falta mucho para llegar a ser como ellos. Es hora de una fuerte autocrítica, mi carrera fue un fiel reflejo de lo que en todo sentido fue para mi este maldito 2011 que por fin se va. Queda muchísimo por aprender. Si el destino quiere dentro de un año estaré de vuelta en Aceguá para corregir todos estos errores, subestimar el recorrido, el clima, la distancia, en el atletismo de larga distancia se trata de entrenamiento, nadie le regala nada a uno, los logros son en base al esfuerzo, la constancia, la humildad y la dedicación, y en especial al COMPROMISO CON LA CAUSA. No estoy arrepentido de haber participado, siento orgullo de por lo menos haber llevado mi camiseta de Atletas del Sur hasta la meta, aunque terminar último no me hizo ninguna gracia, pero fue mi castigo por haber subestimado la prueba.
No es una prueba para flojos, al que quiera correrla el año próximo le sugiero que entrene en serio, tanto en lo físico como en lo mental, que trabaje todos los aspectos del entrenamiento, que hable con los que saben, aquí en Uruguay hay muchos ultras para consultar, que se comprometa con la causa, las subidas y bajadas hay que practicarlas constantemente... No es pavada, por algo la prueba se denomina "El Hombre de Hierro". La carrera no se merece que uno vaya mal entrenado y sobrevaluado. Por lo tanto este viejo trotador estará el año que viene de vuelta allí, para dejar de ser un "muñeco de madera" y convertirse en "Hombre de Hierro".






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